lunes, 28 de mayo de 2012

Segunda Pre-entrega TP Final


 
Un gran museo verde, así se podría definir. Diferenciándose de la idea clásica de cómo se constituye un museo, el botánico no goza de cuadros valiosos colgados en sus paredes. Altamente custodiados y protegidos de todo posible daño. El botánico es un museo viviente, que crece más allá de los lugares originalmente delimitados para él. Su relación con el espectador es la misma que la de un espectador de los museos de cemento (ejemplo Malba o Museo del Bicentenario entre otros) que admira, contempla y recorre cada especie vegetal tomándose su tiempo para cada una,  muchas veces tratando de descifrar que es lo que lo tiene tan maravillado. Esa postura frente a las obras son similares, más allá de que el público sea asiduo del arte o no, toma la misma postura frente a lo que se le pone delante.

Flusser afirma que el diseñador es un artífice de la realidad, de la cultura y cita al filósofo Platón que dice que “los artistas y los técnicos son traidores de las ideas y embusteros, porque inducen maliciosamente a los seres humanos a contemplar ideas deformadas”, uno pensaría que el botánico fue siempre igual, que lo único que se le agregó fue la señalización, las rejas, que las plantas son originarias de ese lugar, pero no. Este museo verde fue creado íntegramente con otro objetivo hace más de 200 años: era una casa de familia, la que pese a algunas remodelaciones se mantiene, rodeada totalmente de especies de plantas de todo el mundo, con un dibujo, diseño y ubicación estratégica de las mismas, pero con el objetivo de lograr privacidad con el espacio que la rodeaba y que la sigue rodeando.  ¿qué hizo entonces que un espacio privado pase a ser un punto obligado a recorrer en esta zona? Principalmente, lo que John Berger llama en su texto “modos de ver”, lo que sabemos lo que somos, la sociedad en que vivimos marca la manera en la que percibimos las cosas. Esta sociedad en la que se creo este gran museo verde no es la misma que la de hoy en día: valores, principios, cultura, gustos, cambiaron ampliamente, hubo una masificación del arte, un interés por parte de las instituciones de distinguir por sobre otros lugares verdes. Un interés por la majestuosidad del Botánico y por la historia que representa. Pasó de ser la casa del prestigioso paisajista Carlos Thays a ser el Jardín Botánico, “el botánico”, una parada obligada para el flaneur que recorre la zona, aunque vale aclarar que siempre es una parada secundaria, nunca la principal. Los grandes convocadores de Plaza Italia son el Predio Ferial de La Rural, gran vidriera de la Ciudad y el Zoológico de Buenos Aires, con un parentesco con el botánico por su origen natural pero diferenciándose en su administración y temas económicos, lo que no quita que visitar a uno casi siempre implica visitar al otro.

1 comentario:

  1. V
    Es interesante trabajar con material de archivo para tu trabajo. Vería como armar un relato introduciendo este tipo de imágenes.
    Por otro lado, no se entiende todavía cómo aplicás Berger en tu concepto. Sí trabajaría a Flusser y la idea de artificialidad y en este sentido, también te puede ayudar el texto de Machado que vimos sobre bio-arte, y otro que no vimos pero sería muy interesante que apliques y que podés encontrar en la bibliografía, "“La irrazonable efectividad de la convergencia metodológica entre el arte y la ciencia”, Peter Weibel en
    El Medio es el Diseño Audiovisual" en el módulo 6.
    Más finamente, pensaría si este espacio en la ciudad implica una "parada obligada para el flaneur", y pensaría sobre todo cómo leer maquínicamente este espacio; como va a ser trabajado en ese sentido.

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