Un gran museo verde, así se podría definir. Diferenciándose de la idea
clásica de cómo se constituye un museo, el botánico no goza de cuadros valiosos
colgados en sus paredes. Altamente custodiados y protegidos de todo posible daño.
El botánico es un museo viviente, que crece más allá de los lugares
originalmente delimitados para él. Su relación con el espectador es la misma
que la de un espectador de los museos de cemento (ejemplo Malba o Museo del
Bicentenario entre otros) que admira, contempla y recorre cada especie vegetal
tomándose su tiempo para cada una,
muchas veces tratando de descifrar que es lo que lo tiene tan
maravillado. Esa postura frente a las obras son similares, más allá de que el
público sea asiduo del arte o no, toma la misma postura frente a lo que se le
pone delante.
Flusser afirma que el diseñador es un artífice de la realidad, de la
cultura y cita al filósofo Platón que dice que “los artistas y los técnicos son
traidores de las ideas y embusteros, porque inducen maliciosamente a los seres
humanos a contemplar ideas deformadas”, uno pensaría que el botánico fue
siempre igual, que lo único que se le agregó fue la señalización, las rejas,
que las plantas son originarias de ese lugar, pero no. Este museo verde fue
creado íntegramente con otro objetivo hace más de 200 años: era una casa de
familia, la que pese a algunas remodelaciones se mantiene, rodeada totalmente
de especies de plantas de todo el mundo, con un dibujo, diseño y ubicación
estratégica de las mismas, pero con el objetivo de lograr privacidad con el
espacio que la rodeaba y que la sigue rodeando. ¿qué hizo entonces que un espacio privado pase a ser un punto
obligado a recorrer en esta zona? Principalmente, lo que John Berger llama en
su texto “modos de ver”, lo que sabemos lo que somos, la sociedad en que
vivimos marca la manera en la que percibimos las cosas. Esta sociedad en la que
se creo este gran museo verde no es la misma que la de hoy en día: valores,
principios, cultura, gustos, cambiaron ampliamente, hubo una masificación del
arte, un interés por parte de las instituciones de distinguir por sobre otros
lugares verdes. Un interés por la majestuosidad del Botánico y por la historia
que representa. Pasó de ser la casa del prestigioso paisajista Carlos Thays a
ser el Jardín Botánico, “el botánico”, una parada obligada para el flaneur que
recorre la zona, aunque vale aclarar que siempre es una parada secundaria,
nunca la principal. Los grandes convocadores de Plaza Italia son el Predio
Ferial de La Rural, gran vidriera de la Ciudad y el Zoológico de Buenos Aires,
con un parentesco con el botánico por su origen natural pero diferenciándose en
su administración y temas económicos, lo que no quita que visitar a uno casi
siempre implica visitar al otro.



